Dadle girasoles a su musa


Mira la dirección de nuevo antes de tocar. Es esa y es de noche. La noche de verano le parece hermosa, usualmente el solo hecho de apreciarla lo haría sonreír, pero esta vez no, le preocupa ese mensaje, le preocupa ella a quien no ve en ya como en un año. Toca. Percibe el timbre y ruega que no sea tarde, haber malinterpretado ese mensaje.
Si tan solo no diera tantas vueltas masculla para sí, ella le abre la puerta, sonríe al verlo y lo abraza, él no la suelta por un largo rato y ella se separa con cuidado. Lo hace pasar y él la observa, la creería completamente radiante de no ser porque su conocimiento a la perfección de ella no le dijera que algo tiene: y ese mensaje lo corrobora.
Perdona por haberme demorado, no abro el correo últimamente  le dice mientras observa una tira de diazepan  en una pequeña mesa de la entrada. ¿Problemas para dormir?
Ella sonríe un poco. Hoy los tendré. Y lo del mensaje… me esperaba eso. Algo cursi, algo trémulo, ¿no crees? Necesitaba ver a la única persona que entendería esto. Entonces él entiende que no, que no ha malinterpretado nada: es eso lo que ella quiere hacer.
Menuda idea la tuya, ¿por qué decírmela a mí? Y además… tampoco entiendo las otras cosas…
¿Otras cosas?
Ya sabes; lo que dijiste que sentías por mí y eso.
No entiendo por qué no lo entiendes, he sido bastante clara. Con lo primero, bueno, no tanto.
Él solo trata de fingir enojo, no le es tan difícil. No tiene sentido, si lo quisiera se quedaría. ¿Y ese libro?le dice ella tratando de romper el silencio al ver un libro que él cargaba.
Para el camino, te mudaste algo lejos. No, no puede estar enojado con ella de verdad, quiere estarlo, se lo ruega a sí mismo. Se siente furioso pero no con ella. Él le pregunta si sigue fumando y ella niega con la cabeza.
La muerte lenta siempre es la que cuesta más, ¿recuerdas? Me lo solías decir cuando fumaba, y bueno, también respecto a él.
Por ese maldito bastardo quisiste alejarte de todo y de todos. ¿Es acaso por eso que…?
No. Además, ya te expliqué mis sentimientos hacia ti. Tú sabes la verdadera razón. Como sea, me alegra saber que ya sabes de todo esto…
Él la escrudiña, golpea la mesa y se muestra irascible como nunca antes. La ve aparentemente tan o más magnífica que antes y le parece una estupidez lo que él sabe que ella hará tan pronto él se vaya. Ella se le acerca y le da un beso. Él ya sabe que se está despidiendo. Que lo está despidiendo. Suspira, le hubiera gustado estar con ella todos sus días y ahora… esto… Aquello le era como una bomba que le dejaba el amor frustrado y el alma compungida. Se separa un poco de ella y le dice que la quiere y que lo piense, que por favor lo piense. Y le deja el libro que había traído en la misma mesa donde vio las pastillas.
Por si cambias de opinión. Es una barbaridad de libro.
Ah, claro… Si puedes… que sean girasoles…
¿Qué rayos me pides?
Siempre sabías animarme con una, y allá…  si lo hay…
Bueno…dice suspirando Lo anotaré en mi memoria. Serán girasoles, musa.
Ella sonríe y le da una pequeña ojeada al libro, palpando y oliendo el papel ya viejo, sí, como si fuera la última vez. Lo siente cerrar la puerta, sale raudamente y da un grito algo exagerado.
¡Tal vez! Tal vez sí lo piense.





Comentarios

  1. Yo creo que no se matará. Al menos no antes de terminar el libro.

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