No, cursi no soy

Martes 2011-06-07

Pequeña y grande. Testaruda y bueno, cuasi dócil.Contradictoriamente ella misma. No importa qué tanto lo sea, sus sentimientos se han vuelto eviternos.

Se acabó. Bueno, el estrés está suspendido, volverá, lo sé. Pero hoy día trataré de que aquel estrés pueda menguarse un poco. Miro un instante el libro en el que debería estar sumergiéndome, lo ojeo un poco aunque ya he leído exactamente esas páginas, me habla de Virginia Woolf y recuerdo que hasta ahora no he podido leer A Room of One’s Own .Siento los ojos agotados y estar frente al ordenador tampoco resulta benéfico. Llevo días tratando de hilar palabras y no había podido concretar eso. Y esta noche estoy más que decidida, las hilvanaré de la mejor manera posible. He comprendido que para esta labor yo misma me puse algunas restricciones, conscientes o no, pero estuvieron. Y eso es algo que repararé.
 Sí, las últimas cosas que he podido leer han ido por aquel camino. A mí me aterra ir ese sendero, porque creo que a veces puedo llegar a la cursilería. Y puedo aceptar ser mil cosas, pero por una cosa de ego embarullado con orgullo, no podría decirme cursi. Probablemente, en algún momento me haya comportado de esa manera. Pero es un probable, vamos, sabemos que jamás lo admitiría. El problema (lo es porque exagero en demasía)es que aún no logró separar del todo al sentimentalismo de la cursilería. Ya lo he dicho antes, me encanta pegármela de fuerte, pero a veces llego al cenit de eso. Sí  sé la razón por la que he querido ser fuerte desde que era una niña de menos de cinco años .La sé, y también sé que de no ser por eso, no sería la persona que soy ahora. Por eso nunca cambiaría aquello. Me siento bien siendo así de anómala. Además, me encanta la idea de que fuera así en contra del mundo desde esa edad. Sí, sí es cosa de ego, de autoestima, de eso no cabe duda. Lo admito ,solo he escrito en tres oportunidades lírica, a los seis o siete, en un examen en la secundaria y el año pasado entre junio o julio. Es una labor de duchos. Además la secundaria probablemente sea la gran  causante de mi relación así de fugaz con la lírica. Me explico, ir por el sendero de escribir de aquello que concebimos como amor, puede ser (al menos para mí) una labor muy complicada, es decir, lo que se siente (en muchos casos) sin llegar a ese grado de novela medio rosa, porque puede bien evocar algo o dar alguna sensación de genialidad en lo que se lee(como, admito me ha sucedido a mí con escritos de antología)o bien ser textos un poco redundantes, que incluso pueda quitar las ganas de leer garrafalmente. En parte esto último fue lo que me pasó. Fue entonces cuando tuve miedo de caer en eso ,y me prometí que con aquellas dos veces- hasta que consiguiera el nivel suficiente-bastaba. No, aún  no creo haber llegado a ese nivel, pero cedí a la tentación de probar. Ahora mismo una tentación similar circunda en mi mente ¿Escribir de amor? ¿Lírica? Supongo que me daré la oportunidad. Aunque me resulte algo temerario. Lo que sé es que evitaré lo que siempre he evitado: aquella cursilería,a la que sé que puedo llegar. Pero no olvidaré que el sentimentalismo malo no es. Y que quizá así pueda llegar a lo más profundo del pensamiento en ese limbo mío .A lo más hondo. Al sueño soterrado.

Comentarios

  1. Me encantó esa última frase, lo más hondo, el sueño soterrado.
    Presiento que no te será fácil encontrar tu forma ideal de escribir, te costará sintonizar la antena entre lo que tienes dentro y lo que saldrá de tu pluma pero, precisamente por eso, si lo logras, creo que será tremendamente rico el resultado.
    Como te dije, me fascinan tus galimatías. No puedo evitar sentirme reflejado en el fondo y aquí seguiremos observando...
    Un abrazote

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  2. Gracias,sí a mí en particular me gustó mucha esa frase final.Gracias por eso,sí espero ansiosa que el resultado sea bueno.Gracias,me alegra que puedas verte reflejada en este espacio.
    Un abrazo.

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  3. La buena literatura es aquella que está a punto de romper el límite de lo estéticamente aceptado. Cuentan que Gabo dijo, cuando escribía Cien años de soledad, que ésta se parecía a un bolero, "en el límite de lo sublime o de lo cursi". Es difícil llegar a ese nivel; incluso en la desmesura de los románticos (verbigracia, el Werther) se encuentra el cuidado que tiene la buena literatura de no caer en la trampa de los lugares comunes. Y precisamente en tratar de alcanzarlo consiste la práctica literaria.

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  4. @Pablo: Exacto, concuerdo completamente con eso. Es un nivel que el tiempo va dando poco a poco con la práctica literaria, práctica muy grata que nos alivia los días.

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