¿Fanatismo? ¿Bipolaridad?

Se despertó así, como siempre, con esa extraña sensación  vacía de todos los días, respiró  tratando de sofocar un poco esa sensación. Se perdió en su limbo e hizo todo maquinalmente. Tomó el bus que la llevaba a su lugar de destino, el camino era largo y tedioso, volvió de su limbo y sacó un libro, uno que había estado leyendo desde el día anterior y que la había sumergido a mil y un historias. El bus estaba lleno, pero ella por suerte se hallaba sentada, perdiéndose entre las páginas, olvidándose del mar de gente que se hallaba en aquel lugar, olvidándose de todo, era ella y ese libro. Algo la despertó de su ensimismamiento, comenzaban a irse un gran número de personas y otras nuevas entraban, le decía que ya no le faltaba mucho, quizá tan solo una media hora, pero hubo algo más, algo que hizo  que cada partícula de sí misma se sobresaltara, alguien  que se hallaba parado en ese momento susurraba palabras que al comienzo a ella le resultaban incomprensibles, debía ser un hombre de unos cincuenta años, pelicano, con un ligero bigote,  lo miró un largo rato, lo escudriñaba tratando de descifrar que era lo que susurraba, hasta que este se santiguo una, y luego otra vez y volvió al susurro. Estaba rezando. Supuso ella, que pararía en algún instante, pero no, se santigua a modo de cierre y vuelve a hacerlo a modo de entrada. Quedó un asiento libre que estaba al lado de ella, y el hombre casi por reflejo  se sentó y siguió en lo suyo . A ella, de por sí le daban miedo toda clase de fanáticos, sobre todo  los religiosos, y así había sido desde pequeña, les temía porque los creía capaces de todos por ese dogma, le tenía terror  a todo lo relacionado con eso, le temía a esas estatuas de las iglesias. La miraban, decía ella. Ahora, ella ya entrada en una fase racional, poco o nada creía en eso que llamaban religión, pero aquello le provocaba miedo ,nacida en un hogar meramente católico, su agnosticismo no era tan bien visto, y este hombre le recordaba a eso, a su familia. El bus paro por un segundo, y el hombre saliendo de su enajenación, regreso a su mundo.
-¡Carajo, avanza! ¿Qué mierda te pasa? ¡Avanza! -El tipo comenzó a golpear una y otra vez el autobús, mientras ella trataba de fijar la vista en una de las hojas de libro, hilando palabras de diferentes líneas, aparentándose impertérrita, recordando lo que pasaba antes de la entrada de ese hombre, el autobús avanzó y este volvió a su rezo, a sus padres nuestros y a santiguarse cada que terminaba uno, ella lo miraba de reojo, fingiendo leer, fingiendo sobresaltarse como le solía pasar con algún libro ,aunque ni siquiera  así el hombre se inmutaba por la vana exageración de ella , el autobús paraba, según su ruta y el hombre pegaba los mismos gritos, pateando y golpeando las ventanas.
-¿Qué acaso crees que tenemos todo el jodido tiempo del mundo? !Carajo, avanza!
Tan pronto el auto avanzaba, el hombre volvió a su abstracción, volvía a rezar como si de ello dependiera su vida. Ella se limitó a mirar la ventana. Se paró, caminando para al fin poder bajar. Al pisar la acera, volvió la vista a donde se hallaba el hombre, vociferando de nuevo, volviendo a su extraña calma cuando el auto volvía al trayecto. Vio el auto desvanecerse poco a poco, y comenzó su camino, pensando que tal vez, ese hombre bajaría en algún lugar y seguiría con su oración,  volvería a tomar otro bus.Tal vez, quién sabe le dé la vuelta así al mundo y seguiría en ese extraño estado medio bipolar del rezo y la exacerbación. Y tal vez lo vería de nuevo.
Y ya no le tendría tanto miedo.

Comentarios

  1. El miedo las..........todas....mejor vivir así...sin importar tanto lo que viene mañana.
    Mis besos para ti y lo mejor de la vida.
    mar

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  2. Exacto.Igual a ti Mar!Lo mejor de la vida!

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